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Orvieto-Bruselas, Febrero 2001
Distinguido profesor:
Me dirijo a Ud. y a
muchos otros hombres de ciencia para proponerles un
empeño en común. Me llamo Luca Coscioni. Estoy licenciado
en economía y comercio y doctorado en economía medioambiental.
He dado cursos de política económica en la facultad
de Económicas de Viterbo.
Me hallo implicado,
de forma personalísima, en el combate por la libertad
de la ciencia y de las terapias. En particular, de la
investigación con células embrionarias estaminales.
En Italia, hoy, esa investigación está prohibida, y
con ello se prohíbe la esperanza a millones de personas
afectadas por patologías gravísimas y muy extendidas
para las que no existen actualmente terapias realmente
eficaces. Por eso preciso, y ahora, de su apoyo y del
apoyo de todos Uds.
Si pudiese Ud. visitarme,
no podría oír mi voz. Hace cinco años contraje una esclerosis
lateral amiotrófica. Es una enfermedad neuromuscular
actualmente incurable que convierte a quien ataca en
paralítico e incapaz de hablar con su propia voz. Para
comunicarme empleo un ordenador con un programa de síntesis
vocal. Es el mismo sistema que utiliza el profesor Stephen
Hawking, el célebre físico inglés afectado por la misma
enfermedad.
Contraer la esclerosis
lateral amiotrófica, que afecta a una persona de cada
diez mil, es decididamente desaconsejable. Aunque sin
embargo, al no conocerse aún las causas que determinan
su patogénesis es imposible prever cuáles sean las personas
o las conductas de riesgo. Sólo se puede decir que,
en el curso del 2001, los nuevos casos de esclerosis
lateral amiotrófica, serán, en Italia, algunos centenares
de casos, y en total deberán convivir con esta enfermedad,
italiano arriba o abajo, algunas millares de personas.
Pero esta enfermedad
puede, quizá, curarse recurriendo a las células estaminales.
Si se puede, y cómo, es la investigación científica
la que podría decirlo. Pero esa posibilidad de cura
está cerrada para los miles de conciudadanos que, como
yo, luchamos por la supervivencia día tras día. ¿Porqué?
Por la ingerencia de la Iglesia Católica, manifiestamente
contraria a la clonación terapéutica y al empleo de
embriones supernumerarios con fines de investigación.
Y sin embargo, se trata de embriones destinados de cualquier
manera a ser destruidos, aunque si se empleasen en la
investigación podrían contribuir a salvar la vida a
millones de personas. Según el informe Dulbecco sobre
las células estaminales (que es el documento que contiene
las recomendaciones de los 25 sabios encargados por
el Ministerio de la Sanidad de clarificar esta cuestión)
serían en realidad 10 millones los italianos que podrían
tratarse, e incluso curarse, con terapias basadas en
dichas células. Son enfermos afectados por diferentes
patologías, entre ellas la enfermedad de Alzheimer,
la de Parkinson, la esclerosis lateral amiotrófica,
la atrofia muscular espinal, lesiones traumáticas de
la médula espinal, distrofia muscular, tumores y leucemias,
infarto e ictus. Todas son personas que sufren en espera
de una ley sobre la clonación terapéutica.
Si hace seis meses
los EE.UU. y la Gran Bretaña dijeron sí a la clonación
terapéutica, hoy en Italia estamos todavía discutiendo
si es ético o no emplear embriones congelados, próximos
a su fecha de caducidad cuando no están ya definitivamente
inutilizables. Por lo que parece, podemos destruirlos
sin levantar ningún escándalo, pero no podemos usarlos
en la investigación. Y así, mientras han empezado, en
los EE.UU. y en Gran Bretaña, las pruebas en estudios
preclínicos, entre nosotros, en Italia, por el contrario,
se levantarán las nieblas de la desinformación y la
demonización. Y, en la espesura de esas nieblas no será
difícil para el gobierno y la mayoría parlamentaria
continuar prohibiendo, entre otras cosas, también la
clonación terapéutica, negando de esa forma a centenares
de miles de italianos enfermos una esperanza concreta
de curación y obligándoles a un odioso turismo sanitario.
Pues bien, frente a
este escenario desmoralizante, es necesario, indispensable,
estar presentes en el Parlamento. La Lista Bonino ha
preparado una proposición de ley de iniciativa popular
referida a las normas que regulan la reproducción médicamente
asistida, clonación terapéutica e investigación sobre
embriones humanos, de la que tengo el honor de ser el
primer firmante.
Luchar año tras año,
mes tras mes, día tras día, hora tras hora, contra la
enfermedad que me ha atacado, no ha dado sentido a mi
vida. Una enfermedad, y el sufrimiento que de ella se
deriva, nunca tiene sentido. A mi vida el sentido se
lo estoy dando yo, viviéndola como me es posible vivirla.
Amando, odiando, haciendo política, una de mis pasiones.
Por ello, he decidido
presentarme como candidato a diputado en las elecciones
generales, junto con Emma Bonino, en la lista que lleva
su nombre, encarnando la lucha por la libertad de investigación
científica, la libertad de terapia, la libertad de escoger
cómo y cuándo morir en caso de enfermedad incurable
y fuente de sufrimientos atroces.
En el mundo civilizado
y adelantado, el enfrentamiento se produce y se desarrolla
en el plano de las ideas. En Italia, por el contrario,
no se puede ni siquiera discutir. Lo imperativo es prohibir,
prohibir, prohibir…
Me dirijo a Uds., a
todos a los que escribo, premios Nobel y hombres de
ciencia, para pedir su apoyo a una causa que es la mía,
pero que es ante todo de Uds., de Ud. Yo soy un ejemplo
concreto de cómo el derecho a la vida y la libertad
de la ciencia coinciden y se hacen una sola cosa. Si
mi país sigue siendo víctima del oscurantismo anticientífico,
millones de ciudadanos como yo seguiremos estando condenados,
más por la irresponsabilidad de la política que por
la gravedad de las enfermedades.
Por ello, le ruego
que me envíe un mensaje de apoyo en este combate y al
llamamiento por la libertad de investigación y práctica
científica, y, en particular, contra la prohibición
de la experimentación con embriones y a la clonación
terapéutica.
Le agradezco, les agradezco,
expreso mi agradecimiento a la Ciencia, que es Conocimiento.
A la Ciencia, que es, también, tecnología informática,
mediante la cual el océano de conocimiento e ignorancia,
de desesperación y esperanza, de amor y de odio, océano
que está en mi interior, que soy yo, y que el acaso
hubiese querido reducir al silencio, en el espacio angosto
de una botella, puede, contrariamente, refluir, aunque
sea despacio, hacia todos Uds.
Luca
Coscioni
lucacoscioni@visto.com
Fax. +32-2-284.91.98 - +32-2-284.91.20 - +32-2-230.36.70
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